martes, 22 de julio de 2008

sábado, 19 de julio de 2008

Teresa Wilms Al Cine


Teresa Wilms llega al cine, de la mano de Tatiana Gaviola
Cine El largometraje se estrenará a más tardar en marzo de 2009:

Son pocos los filmes que son un placer aún antes de estar terminados, y “Teresa”, el filme en que la cineasta Tatiana Gaviola cuenta su versión de la vida de escritora Teresa Wilms Montt (ver recuadro aparte), es uno de ellos.

El largometraje, que se grabó en formato digital durante el año pasado y que dura aproximadamente 85 minutos, es protagonizado por la actriz Francisca Lewin y cuenta con los actores Diego Casanueva y Juan Pablo Ogalde en los roles de Vicente Huidobro y Gustavo Balmaceda, respectivamente. El proyecto contó con un presupuesto de US$400.000, que se reunió sumando fondos concursables públicos e inversionistas, destacando entre estos últimos TVN, canal que emitirá la producción durante 2009, luego de que sea exhibida, a más tardar en marzo, en las salas de cine.

En “Teresa”, Gaviola reproduce meticulosamente el Chile de principios del siglo XX, al mismo tiempo en que narra, de una forma contemporánea, subjetiva y altamente femenina, la vida de la polémica y aristócrata literata. Sobre sus motivaciones, sus técnicas y su particular visión de Teresa la interrogamos en esta entrevista.

—¿Por qué una película sobre Teresa?

“La historia de Teresa me ha interesado desde siempre. La primera vez que leí sobre ella fue a los 17 años, una nota cortita en que se ponía mucho énfasis en lo castigada que fue por ser infiel. Después fui encontrando cosas: entrevistas, reportajes, una biografía y, paralelamente, fui desarrollando una pasión por Vicente Huidobro. Me encantaban estos personajes que se juntaban y me fascinaba el misterio, porque Teresa todavía es un personaje del que se habla como en secreto: de alguna manera sigue siendo castigada. Sigue siendo inconveniente, demasiado insolente, demasiado subversiva para una sociedad ordenada como la nuestra”.
—¿Qué te atraía de su subversión?

“Ella tenía muchos conflictos con las cosas que se suponía que tenía que ser: esposa, madre, hija… Ninguno de esos roles los cumplía bien de acuerdo a la sociedad de esos años, que no es tan distinta a la de hoy. Se mantiene un fondo conservador y represivo, más débil hoy día, pero que sigue dictando normas sobre las cosas que una mujer tiene que ser y hacer. Teresa fue una mujer adelantada y transgresora. No tenía claro hacia dónde, pero sabía que tenía que salir del encierro y ese impulso tenía que ser reivindicado”.

— ¿Su historia hoy, sigue vigente a su juicio?

“Tiene mucha vigencia: muchas mujeres siguen deseando cosas que aún no pueden lograr. A pesar de que las cosas han cambiado, hay muchas libertades que aún no llegan. Las mujeres aún no podemos decidir que hacer con nuestro cuerpo: seguimos siendo reprimidas. Basta con pensar en el fallo del Tribunal Constitucional sobre la píldora del día después… Además, la violencia intrafamiliar, que hoy no puede estar más vigente, también es parte importante de la película. Su marido le dice en un dialogo: «aquí en la tierra, la ley soy yo», y esa es una idea en la que todavía creen muchos hombres. Aún existe una especie de propiedad sobre la mujer y Teresa no quería ser propiedad de nadie. Por eso a mi me gusta”.
—¿Hiciste un retrato 100% fiel de su vida?

“En la película hay licencias y hartas. Es una versión sobre su vida, pero de ninguna manera pretende ser un documental. Hay cambio de nombres, de cosas, de lugares, incluso algunas situaciones, porque había que sintetizar de alguna manera. Ella se vinculó con muchos más intelectuales de los que la película puede contar. Hay muchas Teresas: la de Valle Inclán, la de Ernst, la de García Lorca, la de Romero Torres, la de Huidobro…”

—¿Y cómo es la Teresa de Gaviola?

“Es una Teresa que transita entre eros y thanatos, con una tranquilidad salvaje. El sexo y la muerte para ella eran cosas muy integradas, las dos formaban parte de la misma olla a presión. Y era más libre que intelectualmente rupturista o teórica: su vida es una gran puesta en escena y su obra, que fueron básicamente diarios, el registro de esa gran performance”.


—En “Teresa” logras hacer una película de época, pero distinta a los que se acostumbra en el género: es muy íntima, contemporánea y algo desordenada


“«Teresa» no es una película de época tradicional: yo buscaba una mirada más ecléctica. Buscaba una mirada desde el hoy y lo que me preocupaba era lograr que fuera una película muy subjetiva, muy desde Teresa. Buscábamos una cosa un poquito desordenada, un poco impresionista, que se detuviera en los detalles y a veces se caotizara, que tuviera trazos de ella. Por eso optamos por una cámara inquieta, que respirara y con bastantes movimientos en mano, que de alguna manera estuviera viva”.
Wilms está vigente: muchas mujeres desean cosas que aún no pueden lograr.

“«Teresa» no es una película de época tradicional: busco una mirada más ecléctica”.


Teresa “de la Cruz”:


No es extraño que la biografía de Teresa haya devenido en un largometraje: su vida, marcada por la belleza, su cuna aristocrática y su nulo respeto por las convenciones sociales, no fue demasiado distinta del argumento de una opera. Es la historia de una joven a quien recluyeron por adúltera en un convento y que escapó de allí, gracias a Vicente Huidobro, para hacerse un nombre en las letras.

Corría 1921 y en Paris, poco antes de su deceso por sobredosis de veronal, Teresa Wilms Montt, quien como escritora se hacía llamar Teresa de la Cruz, declaraba que no había amado. A los pocos segundos se rectificaba: había amado a Anuarí, un joven argentino que se suicidó, frente a ella, al no poder aceptar perderla, hace años, cuando todavía vivía en Buenos Aires.

Sin embargo, los relatos de la vida de Teresa, incluida la película de Tatiana Gaviola, cuentan una vida siempre marcada por los hombres. Primero, como una niña aristocrática que, nacida en 1893 en Viña del Mar, buscaba en su padre el apoyo que jamás encontró en su madre. Luego como la hermosa joven que huye para casarse con un hombre al que sus padres no aceptan y por el que deciden olvidarla para siempre. Más tarde como la mujer a la que su esposo, Gustavo Balmaceda, le quitó a sus dos hijas y la hizo encerrar en un convento, todo en castigo por su infidelidad con uno de sus primos, Vicente Balmaceda. Su liberación también tiene rúbrica masculina: se la debe a Vicente Huidobro, quien la ayuda a huir del convento y se la lleva a Buenos Aires, dónde Anuarí es quien revive su tragedia. Más tarde, cuando ya haya emigrado a Europa será la musa de otros hombres: Valle Inclán, Romero y Torres, Ernst y muchos otros.

Todo eso es cierto, pero también hay otra Teresa, la que ella decidió ser cuando dejó Chile: Teresa de la +, la escritora que publicó al menos seis libros durante su vida, obtuvo críticas brillantes en Buenos Aires y España, incluida una Cruz Meritoria entregada por la corona española en 1918, y de la que en Chile, durante décadas, solo se publicó una pequeña compilación póstuma titulada “Lo que no se ha dicho”.

Y tampoco podemos olvidar a la Teresa madre, que no es otra que la Teresa suicida: tras estar cinco años separada de sus hijas, Elisa y Sylvia, el azar y la ayuda de algunos diplomáticos le permitieron retomar contacto con las niñas, quienes se encontraban en Paris junto a su abuelo paterno. Esa Teresa no pudo soportar el fin de la misión diplomática de su suegro y el regreso de sus hijas a Chile. Ésa se las llevó a todas con una sobredosis de veronal el 24 diciembre de 1921. Todas tenían una pasión fatal e indomable.